Cuba: Hospitalidad sin límites

Cuba

Una pareja de jóvenes amigos míos brasileños visitó Cuba hace pocas semanas, en un viaje pensado y diseñado por ellos mismos, con el fin de conocer al máximo la vida en la Isla, sin las limitaciones del programa de una simple excursión turística.

Tanto él como ella son abogados, así es que con esa cualidad propia de investigadores, dispuestos a no dejarse engañar por apariencias, falsas pistas y otras triquiñuelas, decidieron averiguar con ojos y oídos bien abiertos, sin perder el más mínimo detalle.

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El Capitolio de La Habana, Cuba

Con la ayuda de unas cuantas horas de navegación en internet, recorriendo sitios especializados en vacaciones, consultando ofertas de alojamientos, combinaciones de sol, playa, ciudad y algunos puntos de interés en el interior del país, definieron su programa, abordaron el avión y finalmente aterrizaron en La Habana.

El calor de Cuba

Lo primero que los golpeó en la cara -me dijeron- fue un amistoso, pero sofocante bofetón de aire caliente, mucho más abrazador  que los de Río de Janeiro, incluso en la época veraniega. La cercanía al Trópico aquí se siente de inmediato, me dijo él, con profesionalidad propia de un meteorólogo.

A ella, sin embargo, lo primero que la sorprendió fue la amabilidad de las personas cubanas que iba encontrando a su paso. Según me dijo, cuando preguntó por un carrito para el equipaje, alguien le acercó uno y apenas supo a quien dar las gracias: Obrigado, exclamó, con una expresión en la cara de “a quien corresponda”.

Una vez en las afueras de la terminal aérea, varias voces, que llegaban desde todos lados, no tardaron en anunciarle:  Taxi, Taaxii, Taaaaxxxxiiii! .

El anuncio iba acompañado de amables saludos: Holaaa! Hellooo! Buenos Días! Good Morning! Bonjour! Ante el silencio  y la indecisión de mis amigos, que no atinaban por quien decidirse, otra serie de preguntas, con la intención de adivinar, acertar y caer bien: Americans? English? Argentinooos?

Noo, brasileñooss!, respondieron a la vez, y por fin se decidieron por un chófer pulcramente vestido de uniforme, que les inspiró más confianza, y diligente los condujo hasta su auto, pintado de amarillo y blanco, lo que fue la señal definitiva de pertenecer a una compañía.

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Centro Habana Cuba

No obstante, ellos habían decidido alojarse en una “casa particular”, escogida en internet por su “privilegiada ubicación, en pleno centro de La Habana, a unos pasos del Capitolio y el Parque Central”, algo que habían comprobado de antemano, cotejando la dirección con la posición en el mapa de la capital que incluía su Guía de Cuba.

Le extendieron un papelito con la dirección al chofer y al rato ya se adentraban por las calles del centro habanero, sorteando baches, tanques de basura destapada –uno de los detalles que más los impresionó, junto con las peripecias de algunos perros callejeros, que circulaban entre autos y bicitaxis, escurriéndose entre las piernas de los peatones, que al parecer ignoraban su presencia.

Al llegar frente a un vetusto edificio de principios del siglo pasado, el chofer bajó el equipaje y con el mismo tono amistoso que empleó al recogerlo les dijo: es aquí, señaló hacia un altísimo tercer piso, que en un edificio moderno podría ser el sexto, y todavía les indicó la escalera: oscura, empinada, con la entrada bloqueada por un grupo de muchachos que conversaban a la entrada del inmueble.

No tuvieron tiempo de pedir permiso para entrar, me dijo ella. Tan pronto nos vieron,  acudieron a nuestro encuentro, con la familiaridad propia de viejos conocidos: Hellooo! Holaaa! Americanos? Argentinos? Españoles? No habían abierto la boca…pero una pareja de ellos ya estaba lista para ayudarlos con el equipaje.

Cuba Centro Habana de noche
Cuba, Centro Habana de noche

Nooo, somos de Brasil, dijo él. Ah, Brasil, exclamaron todos. Ah, sí, Brasil, fútbol, Neimar! , añadieron. No tuvieron que decir más, ya sus maletas subían a toda  velocidad hacia el empinado tercer piso.

Así comenzaron su aventura de 15 días en Cuba. Abriéndose paso por cuenta propia, recorriendo calles y ciudades, playas y sitios turísticos campestres, de día y de noche.

Cuba Gigantería
Cuba, Gigantería

Impresionante, me dijo ella. Sabes que nunca nos perdimos, ni extraviamos alguna pertenencia, ni nos sentimos extraños. Creo que al final nos confundían y la gente pensaba que éramos cubanos…bueno siempre se nos sale lo de extranjeros… Ahí sí que la amable acogida de los primeros momentos comenzó a tornarse un fardo.

La verdad es que nunca escuché tantas voces detrás de mí diciéndome: taxi, taxi, taxi…, me comentó él. Creo que en la zona de la Habana Vieja nos acostumbramos a escuchar el permanente: Psss, Psss, hola amigo, tengo buenos puros habanos, a buen precio…! Ah, sí brasileños… charutos… Cohiba… Montecristo..”. Y nosotros a responder mecánicamente: Gracias, noo…

La verdad es que la gente en Cuba es mucho más de lo que nos contaron otros amigos, me dijeron. Perdimos el temor de andar solos de noche por las calles del Centro Histórico, entramos en montones de tiendas, talleres de pintores y artesanos, restaurantes y cafés, hasta casas particulares, donde nos invitaban a pasar, sentarnos, tomar un traguito…

Yo había querido saber que fue lo que más les gustó o impresionó, y la respuesta vino de golpe, sin pensarlo: Mira, me dijeron, sin pensarlo dos veces: aunque a veces te puedas sentir abrumado,  la hospitalidad, una hospitalidad sin límites.

Autor: Leonel Nodal

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