El cementerio de Colón, un museo a cielo abierto

Cementerio de Colón - escultura de Jesús

La muerte nos espanta… Pasear por un cementerio es una visita, considerada para muchos, como no grata. Pero visitar el cementerio de Colón es otra historia.

Cementerio de Colón

Cuando te adentras en sus calles te olvidas por un instante de la muerte para deleitarte, sin reparos e interrupciones, de un espacio mágico repleto de majestuosidad, que alberga una muestra amplia y meritoria del arte funerario en  Cuba.

Desde todos los ángulos, te atrapa su aspecto monumental, validado por sus valores artísticos y arquitectónicos.

Ubicado en el barrio de El Vedado, en la capital cubana, es en orden de importancia, la tercera necrópolis del mundo, precedido solamente por el de Staglieno en Génova, Italia y el de Montjuic en Barcelona, España.

Cristóbal Colón

La necrópolis cuenta además con el honor de ser el único cementerio americano dedicado a Cristóbal Colón, gran navegante y descubridor de la Isla y de otros importantes destinos en el continente americano.

Su entrada se caracteriza por un conjunto escultórico en su tope, de mármol de Carrara, que representa las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Muchos de sus monumentos están asociados a hechos curiosos, atípicos, llamativos por lo excepcional, dados esencialmente en la vinculación de un sepulcro con una anécdota, una leyenda de amor y/o el personaje en cuestión. Historias curiosas que pasaron a formar parte del acervo cultural popular cubano.

Amelia Goyri – La Milagrosa

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La Milagrosa

Entre esas historias se destacan la de Amelia Goyri, conocida como La Milagrosa, la tumba más concurrida del camposanto; la de Catalina Lasa y  Juan Pedro Baró; la de Modesto y Margarita – el lugar de reposo de los amantes se identifica como “la tumba del amor”-  la de Jeanette Ryder y su perro Rinti, cuya bóveda es reconocida como “la tumba de la fidelidad”;  la de Juana Martín de Martín, cuya lápida está coronada por una ficha de dominó; la de Casimiro, el muerto enterrado de pie; y la de la Galería de Tobías, primera obra constructiva de la necrópolis destinada al reposo eterno.

Pero el atractivo del cementerio de Colón no son solo estas historias que convierten al camposanto en un territorio mitológico sino, y sobre todo, porque es lo más visible, el sin número de esculturas y construcciones arquitectónicas que conforman este museo al aire libre.

En él compiten con el ornamentalismo del gótico, la confusión de formas del eclecticismo, la naturalidad del neoclásico y la estilización del modernismo. Encontramos la evocación del esplendor románico-bizantino, la magnificencia de columnas y capiteles del griego; la robusta solidez e intimidad de las pirámides y la beligerancia hermética de los castillos medievales.

Atrae también la atención del visitante el panteón de los bomberos; el de los estudiantes de Medicina fusilados por el colonialismo español en 1871. De interés resulta la visita a los panteones del generalísimo Máximo Gómez, a los de algunos presidentes de la República como José Miguel Gómez, a los de reconocidos escritores cubanos como Julián del Casal y José Lezama Lima o al de Don Fernando Ortiz, investigador cubano que se destacó por estudiar las raíces histórico-culturales afrocubanas. También al del campeón cubano José Raúl Capablanca, el más grande ajedrecista de todos los tiempos.

Interesante también resultará la visita a la capilla central, una bella obra arquitectónica de forma octogonal, única de su tipo en Cuba. Está compuesta por tres cuerpos concéntricos dispuestos en 263 m2 de superficie. Unas 700 personas pueden asistir simultáneamente a las ceremonias religiosas. En la pared del altar está pintada una alegoría sobre el Juicio Final.

El cementerio de Colón, declarado Monumento Nacional en 1987, es sin dudas un lugar que atesora valiosos elementos patrimoniales, cargado de historia y leyenda. Traspasar su gigantesca portada es adentrarse en un mundo de silencio sí, pero un mundo deslumbrante donde, de alguna manera, el arte embellece la muerte.

El cementerio de Colón

Lic. Yisel Marrero Ortega

Autor: Lic. Yisel Marrero Ortega

Natural del Municipio Especial Isla de la Juventud, se graduó en el 2005 de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad de La Habana. Desde entonces se ha desempeñado como especialista en distintas disciplinas de la comunicación empresarial. Amante de la naturaleza, de la historia, de la arquitectura y de actividades como el senderismo y el escalamiento, en la actualidad se dessempeña como especialista en comunicación en la casa matriz de Artex S.A, holding cubano que se dedica a la promoción y comercialización del arte cubano.

Lic. Yisel Marrero Ortega

Natural del Municipio Especial Isla de la Juventud, se graduó en el 2005 de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad de La Habana. Desde entonces se ha desempeñado como especialista en distintas disciplinas de la comunicación empresarial. Amante de la naturaleza, de la historia, de la arquitectura y de actividades como el senderismo y el escalamiento, en la actualidad se dessempeña como especialista en comunicación en la casa matriz de Artex S.A, holding cubano que se dedica a la promoción y comercialización del arte cubano.

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