Una botella al servicio del turista, a lo largo de toda Cuba.

Cuba, coger botella

Hace algún tiempo, una amiga brasileña me envió fotocopias de las páginas de un reportaje sobre Cuba, publicado en la sección Viajes de un importante diario de Río de Janeiro, con un párrafo sombreado en naranja y una nota propia escrita a mano, en el margen de la columna.

Decía: “este párrafo, para mí, diferencia Cuba del resto del mundo. ¿En qué otro país se puede andar sin miedo a la violencia delictiva?”

El cronista había descubierto las inusitadas ventajas de “dar botella” a lo largo de calles, carreteras y caminos de toda Cuba, desde La Habana hasta Santiago de Cuba, en el extremo oriental de la isla.

Bueno, una aclaración se impone, antes de continuar. ¿De qué “botella” estamos hablando? En la jerga brasileña se dice “carona”. En países de habla inglesa la denominan “ride”. En algunos de habla hispana la llaman “aventón”.  En fin, se trata de darle espacio en el carro a un pasajero desconocido que pide de favor ayuda al borde la vía, para hacer un tramo de su viaje.

Cuba
Cuba

En cada lugar el asunto tiene sus reglas, normas o precauciones, tanto para automovilistas como para los propios viajeros, más aún sin son mujeres, o si es de noche.

La crónica del reportero brasileño aconsejaba: “es bueno decir a los que desean alquilar un carro para descubrir el interior de Cuba  que “la botella” o “coger botella” es una práctica muy común.

Darle espacio a ese acompañante desconocido –añadía- puede significar un interesante intercambio de experiencias y lecciones de vida, contribuyendo a enriquecer el viaje.

Y luego concluía con el párrafo que motivó la satisfactoria nota de mi amiga: “! Y qué bueno es estar en un país en el que nadie tiene miedo de pedir y ofrecer botella a un desconocido!”

Hay que decir a los que están por venir a descubrir el archipiélago y sus numerosos sitios de interés: ciudades coloniales, espacios naturales de alto valor ecológico, sitios históricos, o las soleadas playas distribuidas desde el cabo de San Antonio, en el extremo oeste, hasta la Punta de Maisí, en el oriente, que la “botella” es una verdadera institución popular en Cuba.

Hombres y mujeres, de todas las edades, y en cualquier lugar del país se posicionan cada día, de la mañana a la noche, al borde de calles, avenidas, carreteras y caminos con la esperanza de “coger una botella” que los acerque al trabajo, al centro de estudios, o les permita regresar al  hogar temprano, llegar a tiempo a un teatro o a la casa de un amigo o familiar.

Cuba-Calle-Obispo
Calle Obispo Cuba

Las dificultades con el transporte público, la carencia de rutas en la dirección que uno va, la falta de recursos para alquilar un taxi, y hasta la costumbre de hacer un viaje rápido y gratis, aportan las interminables justificaciones para acudir a “la botella”.

Hay quien ya acumula tanta experiencia en esta práctica que puede ofrecer un curso y hasta una maestría para tener éxito.

En el caso de las mujeres, el porte elegante, una linda sonrisa, una expresión amable y respetuosa, la inevitable expresión “por favor” y el complementario “usted sería tan amable” pueden ser la clave del éxito, aunque hay quienes ignoran los rodeos y simplemente  imploran: “me lleva”, “me adelanta”…?

Ciertamente,  la botella en Cuba nunca viene vacía. Por lo general trae sus sorpresas, agradables, interesantes y, en algunos casos la ocasión propicia, para establecer una fructífera conversación  y hasta una nueva amistad.

Autor: Leonel Nodal

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