Amigos de los perros, destinos turísticos

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Algunas ciudades con alto flujo de turistas ofrecen la misma hospitalidad a los perros de compañía que a sus dueños, una ventaja comparativa que marca la diferencia para muchos viajeros.

La idea de dejar atrás a ese “otro integrante de la familia” o al amigo inseparable ni siquiera se valora en los planes de muchas personas a la hora de tomar sus vacaciones.

Llegar al aeropuerto y tomar el avión en compañía de su cachorro es una experiencia que viven infinidad de turistas en el mundo, todos los días.

Ese es un asunto regulado y resuelto en todos sus detalles, pero… ¿a dónde van? ¿Qué certeza tienen de ser bien acogidos, correr juntos por la playa o comer en el mismo restaurante?

Desconozco cuántos viajeros emprenden cada año esa aventura, pero el asunto es serio, porque hace poco leí un “ranking” de ciudades más amistosas con los perros en Estados Unidos y lo cierto es que algunas se esmeran para atraer a ese tipo de “parejas”.

Tal vez sea por enraizadas costumbres de buen trato hacia los considerados “mejores amigos de la humanidad”, o quizás por razones comerciales, en un mercado de decenas de millones de viajeros.

La encuesta salió a propósito del Día del Perro en los EE.UU. Una búsqueda posterior me permitió descubrir que los amistosos cachorros también disfrutan de un Día Mundial y otro Día Internacional, además de muchas otras celebraciones nacionales.

Hasta los impuros “perros callejeros” tienen su día mundial, para que se respeten sus derechos. ¡Imaginen cuánto merecen los que tienen un hogar y van a viajar!

Mi primera experiencia de viaje de un país a otro en compañía de mi perro resultó una aventura inolvidable. Al final resultó muy divertido. Rocky era un formidable pastor alemán, descendiente de Majo, el ilustre cachorro de mi amigo el renombrado poeta peruano Arturo Corcuera, que recibí de regalo para que vigilara la casa donde residí y trabajaba como corresponsal a finales de los 80, en un apartado barrio de Lima.

Rocky tenía en su mirada la misma dulzura de su abuelo, según los describiera Corcuera en uno de sus famosos poemas: “Los ojos amarillos de mi perro Majo cantan al sol como dos canarios”. Así llegan a ser admirados esos compañeros de viaje.

Los turistas que abordan un avión con su perro saben que para ello deben obtener rigurosos documentos de viaje, embarcarlos en una jaula de apropiadas dimensiones, y al llegar cumplir las reglas sanitarias del país donde van a vacacionar. Para mí fue relativamente fácil. Viajamos de regreso a Cuba, mi país, mi casa.

El problema surgió cuando un mes después tuvimos que embarcar hacia Buenos Aires, a cumplir otra misión periodística. Los requisitos para viajar con Rocky a Argentina eran más complicados, pero finalmente llegamos al Aeropuerto Internacional de Ezeiza una fría tarde de agosto. Rocky era un enorme manto negro, que imponía respeto, pero muy amistoso y obediente. Tanto que tras ocho horas de viaje me miró suplicante y los aduaneros admitieron que pasara a los exteriores de la terminal aérea y resolviera sus urgencias, antes de completar los trámites de ingreso al país. Al regreso, los agentes lo acariciaron, se dejaron lamer por él, sonrieron y me dijeron: siga. Ni siquiera revisaron los papeles de Rocky.

Pensé que fue un descuido, pero enseguida descubrí que Buenos Aires y sus “porteños” podrían tener otros defectos, pero adoran a los perros.

Perros, destinos turísticos
Perros, destinos turísticos

Descubrí que donde quiera se encontraba una tienda o establecimiento veterinario con todo lo necesario para los cachorros: arreos, ropajes, medicinas, servicios de baño y peluquería. En los parques, un área reservada para los caninos, donde los dueños podían dejarlos jugar, mientras conversaban con sus amistades. Y por las mañanas un impresionante espectáculo de paseadores de cachorros de todas las razas, con una docena o más cada uno. Destino: los bosques de Palermo, ese inmenso pulmón natural donde los sueltan y se juntan miles. Decían que la ciudad tiene más perros que habitantes. No sé si sería cierto, pero se aman los unos a los otros.

Para un visitante extranjero acompañado de su cachorro sería como llegar al paraíso canino. Dudo que haya otro destino en Nuestra América más amistoso para esos fieles amigos de la humanidad.

Ah, el ranking de Estados Unidos. Perdón, lo olvidaba. Arlington, en Virginia, ocupó el lugar número uno en la lista, con más de quince parques para perros y una serie de restaurantes y bares que darán la bienvenida tanto a humanos como a caninos.

El segundo lugar, me resultó curioso. Fue para Tampa, Florida, una ciudad con tanta influencia hispana y en particular cubana. Destacaron que allí su perro puede correr en la playa en completa libertad.

Playas que admiten perros
Playas que admiten perros

Cerrando los tres primeros lugares: West Hollywood, en California, donde además del senderismo junto a su cachorro, el visitante puede llevarlo a compartir un rico café con leche en las atractivas cafeterías de la ciudad. ¿Quién ofrece más?

Autor: Leonel Nodal

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