El Museo de la Orfebrería de La Habana

Museo de la Orfebrería

¿Cuáles son las piezas de oro y plata más antiguas que se conservan en La Habana? ¿Qué significado tuvieron en su momento? El Museo de la Orfebrería de la ciudad tiene las respuestas, y lo que es aún mejor, historias fabulosas sobre piezas exóticas y raras creadas durante la época de la colonización española.

Quiso la historia, la casualidad o el destino –no sabríamos explicar- que el Museo de la Orfebrería de La Habana fuese desde su misma construcción un sitio ligado a la historia de los metales preciosos. Y fue así porque su primer habitante fue justamente un platero, alguien que probablemente nunca imaginó que el lugar de donde salieron hermosas obras de arte, sería siglos después un Museo dedicado a la Orfebrería.

El Museo es una antigua casona colonial

Ubicado en Obispo 113, entre Oficios y Mercaderes en La Habana Vieja, a unos pocos pasos de la Plaza de Armas, el Museo es una antigua casona colonial de dos plantas que resguarda piezas emblemáticas de los siglos XIX y XX. E incluso, algunas muy específicas se remontan al XVIII.

Museo de la Orfebrería
Museo de la Orfebrería de La Habana

No se puede decir que la Isla fuera una nación de ricos yacimientos de metales preciosos, pero sí es válido aclarar, que desde la propia colonización, La Habana y sus habitantes comenzaron a desarrollar el arte de la orfebrería.

Pero curiosamente y aunque es la esencia del museo, quienes lleguen aquí no encontrarán solo piezas hechas en oro, plata o bronce. Hay un inmenso salón con colecciones tan diversas como exóticas. Hay colecciones de bastones, relojes, armas, objetos de aseo, de escritorio y muchos más. La de joyas, por ejemplo, tiene una curiosa pieza realizada con cabello humano. Y por más lúgubre que parezca es reflejo de lo que fue una época. Hecha en el siglo XIX, perteneció a una tendencia de la llamada joyería de luto creada para honrar y recordar a los seres queridos ya fallecidos.

Una de las más atractivas y completas es la de relojes. Y aunque usualmente el más llamativo resulta uno con forma triangular perteneciente a un integrante de la Logia Masónica, hay una diversidad exquisita. Hay de bolsillo, de pared, de carruajes, de mujer y de hombres, clásicos y novedosos. Todo esto lo encuentra en la primera planta.

Museo de la Orfebrería de La Habana
Museo de la Orfebrería de La Habana

En el piso superior, hay piezas de numismática, de arte religioso y ornamental. Una bellísima y valiosa colección de vajillas que pertenecieron a distinguidas familias habaneras de la época colonial captan rápidamente la atención de los visitantes nacionales y foráneos. Hay bandejas, jarras, cubiertos, vasijas para actividades casi en desuso hoy, lámparas, entre otras.

Pero no solo hay objetos de este corte. Otros fueron hallados tras arduos trabajos de arqueología como la bisagras de ataúd hechas en plata que pertenecieron al sarcófago del obispo Gerónimo Valdés, fundador de la conocida Casa Cuna Valdés, aquella institución a la que llegaban cientos de bebés abandonados durante la colonización española y que ha inspirado novelas literarias y relatos de ficción.

Y así, a cada paso el caminante descubre cuánto ha caracterizado a La Habana en materia de orfebrería. Cada objeto nos cuenta cómo era la vida de entonces, cuáles eran los más demandados, los más finos, los más exclusivos y los más exóticos. Hay para todos los gustos.

Unas hermosas planchuelas de plata nos remiten a lo que solía ser el guión procesional de la Iglesia de la Catedral y un extraño palillero en forma de ramo de girasoles nos revela que algunos plateros sentían la necesidad de responder a sus ansias artísticas más allá de crear un objeto utilitario.

El Museo fue creado en 1996 de manera oficial, pero desde mucho antes, el sitio sirvió de taller de restauración de objetos de oro y plata perteneciente a la Oficina del Historiador de la ciudad. Fue además una sala adjunta del Museo de la Ciudad para exponer piezas de este tipo y funcionó también como taller para hacer las primeras medallas conmemorativas tras el año 1959. Y aunque cerró por un corto período, reabrió recientemente con más encantos.

Además de lo clásico, el público podrá apreciar, en una sala de exposición transitoria, el trabajo actual de los orfebres cubanos. Desde objetos tan llamativos como pulseras, aretes y collares hasta obras de grandes dimensiones pensadas para embellecer el entorno.

Un sitio que nos revela historias interesantes, curiosas y antiguas de La Habana, la misma ciudad que en noviembre de 2019 cumplirá sus primeros 500 años.

Autor: Indira Román

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