En ocasiones TODO suena a NADA
Hace unos días, en un salón de espera, escuché involuntariamente el diálogo entre dos representantes de una entidad vinculada con el ámbito turístico. Una explicaba a la otra “los valores” de una nueva empresa. Resumía: “le daremos a nuestros clientes TODO lo que necesitan”.
La conversación era banal y para nada definía la estrategia de comunicación de la joven entidad, pero me llevó a recordar ciertas ideas huecas que continúan “llenando” las campañas publicitarias —asociadas o no al turismo— que cotidianamente vemos en los medios.
¿Qué es TODO? Y más elemental aún, ¿quién puede ofrecerle TODO a ALGUIEN?
Situado en el lugar de un potencial cliente, ¿acaso no ha sentido alguna vez que “todas” las playas resultan “lugares paradisíacos”; “todos” los hoteles son los “más confortables”; “todas” las agencias de viajes cubrirán “todas” nuestras necesidades?
A estas alturas del desarrollo global, no se trata de que esos valores generales sean más o menos ciertos o esenciales. Son vitales, si uno se toma en serio en el ámbito de los servicios al turista, pero quizás es hora de darlos por sobreentendidos y pasar a otro nivel.
En cada caso, según el/los segmento(s) de público a quien(es) estemos dirigiendo nuestra oferta, es obvio que se debe estudiar “eso” singular que define a nuestra oferta.
Sonoras, grandilocuentes, demasiado leídas o escuchadas, son muchas las campañas de productos y servicios que prometen TODO, y queda a cada potencial usuario la difícil tarea de tomar una decisión, la perspectiva de arriesgarse o no ante los pocos elementos de valor que realmente contienen los mensajes.
Peligrosamente al lado de esas posiciones persisten quienes (todavía) sostienen con vehemencia que en publicidad se trata de mentir mejor (o más alto), cuando es muchísimo más efectivo detectar, desde dentro de nuestras propias ofertas y productos qué los hace únicos, elegibles en un entorno colmado de opciones más o menos similares.
En la base de esos planteamientos extremos suele estar el desconocimiento del mercado y del potencial cliente, o la a estas alturas muy ingenua pretensión de alcanzar a la mayor cantidad de personas, en lugar de “fidelizar” a un determinado grupo que en el momento “cero” no nos fallará.
Quizás logremos convencerlo de que si bien no podemos ofrecerlo TODO, tenemos ALGO que solo nosotros podemos dar, de la manera que ese grupo necesita o prefiere recibirlo.









Anónimo
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Anónimo
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Anónimo
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No había podido leerlo. Muy
No había podido leerlo. Muy inteligentes ideas. Quizá uno visita un lugar campestre al que le "falta" el confort de un hotel citadino, sin embargo Ud. lo prefiere por el paisaje, el cuidado del entorno, la calma, los acogedores "rinconcitos" que uno puede hacer "propios"...y así coincido en que hay que hacer de nuestro producto exclusivo la preferencia de ese grupo que siempre acudirá en busca de la mejor atención y de repetir sus gratos momentos durante la estancia. ¿Conocen a la Gran Piedra en Cuba o al Valle de la Luna en Bolivia? En uno y otro la magnificencia de la naturaleza y la natural manera de los que te sirven hacen deliciosa la visita...Y son lugares recónditos, al menos cuando se piensa con la mentalidad de la GRAN publicidad. Gracias por hacernos reflexionar y ayudarnos a mejorar en nuestro trabajo.
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