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Twitter y Facebook, ¿opuestos o complementarios?

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Cuando abrimos nuestro perfil de Facebook nos encontramos con una interrogante: ¿Qué estás pensando? El inicio de Twitter, aquel desde el cual se nos permite actualizar nuestro “estado” propone, por su parte, responder a la cuestión: ¿Qué pasa? No sé bien si se trata de una traslación literal del inglés “What´s up?” al español. Es muy probable. En todo caso, en nuestro idioma sugiere una sustancial diferencia semántica que quizás determine nuestra manera de acercarnos a / proyectarnos desde ambas redes sociales.

Constantemente nos preguntamos sobre los medios más idóneos para poner en conocimiento de nuestros potenciales usuarios la información que necesitan a fin de que elijan nuestros productos o servicios. Lo hemos estado haciendo desde antes de sistematizar nuestros conocimientos de comunicación y resumirlos en numerosos manuales de mercadotecnia.  

Cuando empezaron a popularizarse hace muy pocos años estos recursos de la web 2.0, comenzamos a situarnos, en el nuevo ámbito virtual, ante la sensación de que es necesario elegir. Y ¿cuáles son las comunidades más populares en Internet? Al menos para el mundo hispanohablante: Facebook y Twitter.

A pesar de parecer competidores “naturales”, se hace cada vez más recurrente la interacción entre ambas redes. Twitter está en Facebook y viceversa. De hecho, en las últimas semanas se habló del momentáneo fallo y los posibles caminos que seguirá una aplicación de Facebook que permite a sus usuarios averiguar qué contactos con los que intercambian mensajes en esta red también se encuentran en la plataforma de microblogging.

Según recientes especulaciones, aparentemente la red más popular (en enero de 2010, Facebook tenía más de 380 millones de usuarios en el mundo) está preocupada por la más joven pero muy activa competencia de Twitter (cerca de 60 millones de usuarios).

Vale la pena conocer las diferencias entre ambas, no tanto para aplicar criterios exclusivos, sino a fin de entender en qué medida pueden servir a nuestros propósitos comunicativos. Una de las más obvias, junto con el alcance ya referido, radica en la cantidad de caracteres que permite cada una en la actualización de estado. Mientras Twitter ofrece 140, Facebook es más generosa.

En ese sentido, la primera nos obliga a ser más directos y, por consiguiente, debemos reservarle post muy concisos si queremos ser efectivos. Otra variante sería distribuir el mensaje en varias actualizaciones, con lo cual nos arriesgamos a que el potencial lector se pierda. Facebook nos permite introducir algunos comentarios u opiniones. Además, las respuestas se visualizan de una manera más “amigable” y la interacción aparenta ser más viva.

En nuestro ámbito hispanohablante, la diferencia entre “lo que piensas” y “lo que pasa” se hace evidente en las cualidades de los post. Los usuarios de Facebook son más dados a “comentar” aquello que los toca de manera directa, mientras que los de Twitter “anuncian” (los matices están implícitos en lo anunciado) hechos de su vida privada o del acontecer público que se producen en el momento.

Se habla también de los rangos de edad de los habituales en una y otra red (por cierto, comparten bastantes usuarios). Facebook gusta a muchos, en buena medida gracias al ambiente concebido por sus creadores, que permite una interacción muy fluida y cómoda. Además, ofrece numerosas aplicaciones que actúan como distracciones y sirven tanto a los más profesionales del espectro de usuarios como a los menos ocupados. Si observamos las edades, profesiones y gustos de quienes eligen Facebook como su comunidad virtual, una buena palabra para definirla sería diversidad.

Por su parte, Twitter, aunque no tiene una apariencia que precise un postgrado, a primera vista resulta un poco menos obvia. Por supuesto, todo está en acostumbrarse a ella, como en casi todos los planos de la vida. Según algunas estadísticas, la edad de la mayoría de los “tuiteros” oscila entre los 25 y 50 años. Los datos confirman que se trata, generalmente, de profesionales muy puntualmente vinculados con la comunicación o con las carreras tecnológicas.

Si Twitter parece una plataforma ideal para lanzar a la red “declaraciones de principios”, Facebook es una especie de “planeta virtual”. En este sentido, ofrece opciones que complementan armoniosamente nuestra cotidianidad. Probablemente, si no tienes “nada que declarar”, puedas mantenerte alejad@ un par de días de Twitter, pero una vez que pruebas el Facebook y creas tu red de relaciones allí, la necesidad del encuentro sistemático, a menos que la domes a fuerza de voluntad, se hace francamente adictiva.

Twitter propone temas. Facebook sugiere amigos (el porcentaje de acierto es asombroso). En ambos casos entran a funcionar excelentes motores de búsqueda y un extraordinario manejo de los perfiles de usuarios. Los temas y los amigos se mueven siempre en el entorno de interés de los “tuiteros” y “feisbukeros”. Apenas falla.

A pesar de estas diferencias, pienso que más que opuestos, al menos de cara a los usuarios, Facebook y Twitter son complementarios. Ambas comunidades, combinadas con otras propuestas de la web 2.0, pueden constituirse en una interesante red de comunicación que nos permita colocar, allí donde sea más oportuno o efectivo, cada mensaje que nos interesa poner en conocimiento de otros, sea de carácter institucional u ofertas concretas de servicios y productos.

Así como hemos aprendido a elegir aquello que conviene comunicar a través de uno u otro medio tradicional, nos toca ahora buscar, descubrir e intentar hacer funcionar a nuestro favor las ventajas puntuales que nos brindan Twitter y Facebook, dos líderes de ese cada vez más diverso y expansivo mundo web 2.0.

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