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Una simple asociación de ideas

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Las vuvuzelas que animan/atormentan el Mundial¡Sí a las vuvuzelas! ¡No a las vuvuzelas! Involuntariamente me vi envuelta en el espontáneo debate a propósito de la cornetica plástica que “anima” (o atormenta) a los futbolistas, árbitros, entrenadores, directivos de la FIFA, narradores y comentaristas deportivos, público de las gradas y telespectadores de la Copa Mundial Sudáfrica 2010.

Voté sí, aunque dos minutos después me estaba preguntando por qué. Abro un despacho de la agencia DPA y leo que los susodichos instrumentos, habituales en las tribunas del país africano, producen sonidos que alcanzan altos decibeles, en el límite de lo saludable para el oído humano.

Me angustia un poco, pero me tranquilizo diciendo: a) hay que defender lo autóctono; b) ellas atormentan-animan a todos por igual. Pero dos minutos después las preocupaciones pasan a otro nivel. ¿Son autóctonas las vuvuzelas?

Corro a Wikipedia: “Es el sucedáneo moderno del tradicional cuerno sudafricano kudú. Aunque el origen de la palabra es desconocido, el término puede derivar de la palabra vuvu, que en idioma zulú significa hacer ruido, o de un término sudafricano más coloquial, baño de sonido”.  

“Sucedáneo moderno del tradicional cuerno sudafricano kudú”. Ahí está el elemento tranquilizador que esperaba. ¿O no? ¿Ser un sucedáneo confirma su autoctonía? Cuando leo que las susodichas corneticas fueron “popularizadas” por una empresa en Sudáfrica hace apenas diez años, las sospechas aumentan.

De repente, me veo repensando mi concepto de lo autóctono, especialmente mi tendencia a verlo como elemento “valorizador”. ¿El hecho de que algo haya nacido en un país o pertenezca a su tradición lo hace “intrínsecamente” bueno o, en términos más comerciales, vale la pena venderlo?

Otra arista del asunto es cómo presentamos lo autóctono. Abundan los casos en que lo hacemos de un modo tan esquemático que acabamos divorciándonos de la realidad, ofreciéndola como un paisaje confuso, desdibujado. Situados en los extremos: el visitante se va con una imagen falsa de lo autóctono y se convierte en multiplicador de esa imagen, o acaba decepcionándose porque la realidad no se parece a lo que le vendieron.

Y aquí está lo de los estereotipos. Quizás no todos los argentinos aman al fútbol o a Maradona. Sé que no todos los intérpretes de la música tradicional cubana tienen la edad de los de Buenavista Social Club o la Vieja Trova Santiaguera. Imagino que no todos los españoles vibran de pasión por los toros o se matan por correr delante de ellos en Pamplona.

Regreso al dato de la empresa que “popularizó” hace menos de diez años las vuvuzelas en Sudáfrica y pienso que desde que comenzamos a habitar “la aldea global” las llamadas tradiciones han pasado de ser fenómenos avalados por largos procesos de arraigo dentro de una nación a construcciones sociales bastante activas, más dinámicas. He visto, por exagerado que pueda sonar, “tradiciones instantáneas”, muchas de ellas precisamente en el sector turístico. ¿Son válidas? ¿No?

Autoctonía, tradición, identidad, son temas estrecha y esencialmente relacionados. Se construyen en años, décadas, siglos. Alguna(s) tradición(es) está(n) naciendo hoy y quizás no lleguemos a conocerla(s). Otra(s) está(n) desapareciendo en este mismo instante. ¿Renunciamos a “venderlas”?

¿Todo esto por una cornetica de plástico?
 

Qué bien escribes. Qué bien

Qué bien escribes. Qué bien la asociación de ideas y que fácil de leer y actual. Te recomiendo escribir de sitios y verdaderos elementos autóctonos de Caribe y Latinoamérica. Interesante cómo nos inquietas y nos haces pensar en la "realidad y calidad" de lo autóctono para vender más. Te seguimos

Gracias por este comentario.

Gracias por este comentario. Es muy halagador, aunque en realidad el texto es "una simple asociación de ideas". Cada tema da para más. También me gusta la idea sobre "lo autóctono del Caribe...". Seguiremos ese camino, ¡claro!

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